Tita de Buenos Aires
 
En la mañana del 3 de julio de 1915 entró al puerto de Buenos Aires el vapor Turbantia que, entre los pasajeros, traía al gran barítono Titta Ruffo. Recién desembarcado, sus declaraciones a La Razón son dignas de ser reproducidas: “Debo agregarle que vuelvo a Buenos Aires encantado. A Buenos Aires debo enormes satisfacciones: materiales y artísticas. Por esto he aprovechado siempre todas las oportunidades para manifestar mis simpatías por los argentinos”.

El cronista recuerda que en el invierno del año anterior se hallaba el acorazado Rivadavia en Norteamérica. Una comisión de argentinos deseaba realizar a bordo del acorazado una fiesta. Uno de ellos fue a visitar a Titta Ruffo, que se encontraba en Boston, para solicitarle que interviniera en dicho evento. Ruffo aceptó complacido. Nuestro compatriota, conociendo que era costumbre en aquel país que, cuando los artistas cantan fuera del teatro, se les abona un cachet elevado. De allí que inquiriera al célebre barítono qué suma fijaba por la futura actuación.

“-Nada señor. No puedo cobrar un solo céntimo extranjero a los argentinos. El primer millón de francos lo he llevado de Buenos Aires. Permítame pues, adherirme en esta forma a la fiesta que desean brindar”.

Considerado el mejor barítono italiano de su época, Ruffo se presentó en las grandes capitales de Europa y América. A su magnífica voz unió excepcionales cualidades de actor.

El 11 de julio se realizó un festival de caridad a beneficio de la Liga Antituberculosa en el Jockey Club de Buenos Aires. Actuaron Titta Ruffo y Rosa Raisa.

Algunas noches Titta acompañaba a su entrañable amigo Enrico Caruso a comer en el restaurante de propiedad de Octavio Socino, ubicado en Charcas 1301. Una vez, a solicitud de un mozo napolitano, Caruso interpretó dos canciones a mezza voce ante el deleite indescriptible de los comensales.

En aquel año de 1915, dos hermanas solteras pertenecientes a una distinguida familia porteña lograron que Caruso aceptara concurrir a su mansión a la hora del té. Días antes había estado Titta Ruffo. En ambos casos había intercedido el empresario Walter Mocchi ante los artistas para que accedieran a la cortés invitación de las aristocráticas damas. Durante el té, una de las hermanas le preguntó gentilmente a Caruso:

“-¿Desea otra taza de té, Titta?
“-¡Por Dios Elisa! ¡Es Caruso!, protestó horrorizada su hermana ante tamaña confusión.
“-¡Ah, perdón señor Titta Caruso! ¿Desea otra taza de té?”.

El 4 de agosto de 1915 cantaron juntos Ruffo y Caruso. La velada se llevó a cabo en el Teatro Colón a beneficio de la Asociación de la Crítica. En la noche anterior se produjeron en el Colón refriegas entre carusistas y titistas. Por tal motivo se extremaron las medidas de seguridad. Con Hina Spani, ambos titanes de la lírica interpretaron el primer acto de I Pagliacci. El testimonio de La Razón es conmovedor:

“Y llegamos al clou de la velada, al acontecimiento más importante que la gentileza de dos grandes artistas han inscripto en los anales del teatro Colón; la representación de I Pagliacci con Caruso y Titta Ruffo. La expectación era enorme cuando el maestro Sturani inició el prólogo, la sala estalló: fue una ovación delirante. Y Titta, entre flores, debió aparecer, una, dos, cinco... no sabemos cuántas veces más.
“Se alzó el telón y apareció Caruso. Fue rodeado de Hina Spani, cuyo excelente patrimonio vocal ha sido señalado otras veces; del correcto barítono Caronna y del coro admirable que ha disciplinado este año el maestro Romeo, no un Canio, sino Canio mismo, tan discutido y tan opuesto al Tonio tan personal, tan pintoresco que ha creado Titta Ruffo. En el monólogo final, puso Caruso toda su alma de artista de verdad y todos sus medios de gran cantante. El momento fue breve pero electrizó a la sala toda, que le aclamó. Los bravos, las aclamaciones, los aplausos, se prolongaron varios minutos. Caruso agradeció repetidas veces y, luego se presentó Titta. A los dos cantantes más célebres del mundo, el público tributó una manifestación frenética. Aparecieron una segunda, una tercera... muchas veces. Titta se creyó en el deber de decir dos palabras. Y fueron de elogio para su ilustre compañero”.

La Nación y La Gaceta de Buenos Aires del 5 de agosto de 1915 también se ocupan del famoso barítono en aquella célebre obra de Leoncavallo. Comenta Horacio Sanguinetti que años después, mirando la inmensa sala vacía, Ruffo diría a Galliano Masini: “Observa esta sala, Caruso y yo la bombardeamos”.

A los pocos días, Caruso y Ruffo se trasladaron al Tigre acompañados por el pintor Jorge Latorre y se embarcaron en un lujoso vapor para recorrer el Delta. Desembarcaron en el recreo El Torito y luego de un opíparo almuerzo continuaron el viaje fluvial, regresando a Buenos Aires bien entrada la noche.

El 11 de agosto de 1915 se realizó una velada en beneficio de la Cruz Roja italiana y de la Cruz Roja francesa. Comenzó la Vix interpretando enfáticamente La Marsellesa. Luego la Galli-Curci abordó el rondó de Lucía de Lammermoor. De inmediato se representó el segundo acto de Carmen, con Titta Ruffo, De Muro y la Vix. Acto seguido, Caruso conmovió al auditorio con Vesti la giubba. Por último, Lázaro, la Raisa, Sanmarco y María Ross representaron un acto de La Bohéme, de Puccini.

Titta cantó en casi todas las temporadas del Colón desde su inauguración en 1908 hasta 1931, cuando se retiró de ese escenario representando el Hamlet de Thomas.

Con semejantes antecedentes, afirmamos que Ruffo, al igual que la Merello, se ganó merecidamente el título popular de Tita de Buenos Aires. Se dice de mí...

Véase: PEDRO EDUARDO RIVERO, Caruso en la Argentina, Buenos Aires, Editorial Universitaria de Estudios Avanzados, 1994, pp. 163-170



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