Una notable exposición de caninos y sport
 
El sábado 29 de junio de 1912, se inauguró una exposición de caninos y sport en el espacioso local de la Sociedad Rural Argentina. Era la primera muestra de perros celebrada en el país; estaban representadas casi todas las razas y especies caninas conocidas en el mundo.

A la una de la tarde, las puertas del local se abrían al público, que se dirigió a las secciones donde se hallaban expuestos, colocados en jaulas especiales o ceñidos a cadena, quinientos doce perros. La clasificación se había hecho en tres grandes secciones: perros de caza, perros de utilidad y guardia, y perros de lujo. A su vez cada sección comprendía muchas categorías y clases de animales: la sección de perros de caza tenía veintidós categorías, subdivididas en clases y tipos.

Llamaron desde luego la atención de los visitantes las jaurías de la Sociedad Sportiva Argentina y del doctor Pedro O. Luro, con sus piqueurs y sirvientes de caza, vestidos en sus vistosos trajes rojos y verdes, con guarniciones y cintos dorados, con sus cuchillos de monte y las trompetas, que continuamente sonaban aires de caza junto a las jaulas que encerraban las jaurías.

Los cuarenta y tres perros de la jauría del doctor Luro, nacieron en la pampa argentina, de padres importados. Todos llevaban nombres tomados de la mitología y de la historia griega: Ceres, Vulcano, Venus, Cleo, Ulises, Héctor, Menelao, Helena, Paris, etcétera. Entre los premios instituidos para la exposición de caninos se hallaba la copa de plata del premio San Huberto al mejor conjunto de perros de caza, adjudicada al doctor Luro.

La exposición de artículos de sport ocupaba varios pabellones del local de Palermo y era interesante por la gran variedad de objetos expuestos, algunos de esmeradísima labor.

El número principal del programa del acto inaugural lo constituyó la presentación de la jauría de la Sociedad Sportiva Argentina. Fue un espectáculo que impresionó vivamente por su novedad. Los aullidos de los perros se unían al ruido de las trompas de caza y a los gritos de los piqueurs en una carrera vistosísima en derredor de la pista. Cerraban la marcha los socios del Buenos Aires Hunting Club, vestidos con el uniforme institucional, simulando una caravana de jinetes en una cacería del zorro. El público aplaudió largamente.

Componían la jauría doce perros fox-hounds puros, nacidos en el país, de padres ingleses. Cuatro ejemplares fueron premiados: Portos y Athos, nacidos el 13 de enero de 1911; Zorra, nacida el 7 de enero de 1910; y Rosa, nacida el 10 de agosto de 1909.

La Sportiva organizó un programa hípico y de atalajes, que resultó brillante. Primero desfilaron los carruajes manejados por gentlemen; luego los carruajes con yunta, manejados por cocheros; después los coches con un solo caballo y, finalmente, los mail-coaches y breacks. Hackneys rosillos, tostados, tordillos, alazanes y zainos tiraron de phaetons, spiders y victorias. El público presenció con interés el paso de los atalajes espléndidos, durante más de una hora. Resultaron premiados los arreos de Carlos de Elía, Eduardo Jiménez, Jorge Quintana, Agustín de Elía, Juan Esteban de Anchorena, Narciso M. Ocampo, Mariano de la Riestra y Jacobo Parravicini.

Otro de los números interesantes fue la ascensión de un esférico libre, perteneciente al parque aerostático del Aero-Club Argentino. Se trataba del globo Cóndor, de 1.200 metros cúbicos, que a las tres menos cuarto de la tarde soltó amarras con rumbo a Colonia. Su piloto, Ernani Mazzoleni, contó con la eficaz colaboración del ingeniero Jorge Newbery y del doctor César Viale. A las seis de la tarde, el Cóndor descendió en Estanzuela, Uruguay, después de una ligera mojadura en el Río de la Plata.

Al día siguiente, en el predio de la Rural, se efectuaron los vuelos del aviador militar diplomado Teodoro Fels -en un monoplano Blériot- y un gymkhana de automóviles.

Fuente: HERNÁN A. MOYANO DELLEPIANE, “Cacerías del zorro en los pagos de la Costa y Las Conchas”, Revista del Instituto Histórico Municipal de San Isidro, n° 21, San Isidro, agosto de 2007, pp. 39-41


En la foto vemos un English Foxhound, ideal para el arte venatorio.

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