Simplemente Evita, por la Lic. Andrea Manfredi
 
Esta vez, intento realizar algo diferente. Una curiosidad que me surgió cuando descubrí por las librerías de Milán el libro Evita. Regina della comunicazione de la periodista y escritora piamontesa Carola Vai.

Concentrada en las tapas coloridas y no tanto, con letras grandes y pequeñas, vi de repente la silueta de una imagen conocida, alguien que inmediatamente me llevó a mis tierras: Evita, que en la tapa del libro de Vai, se la distingue con su tailleur y rodete rubio, su sello personal, dirigiéndose a una multitud.

Personajes como ella despiertan un amor incondicional en algunos, un odio feroz en otros y, en ciertos casos, una indiferencia absoluta, pero en alguien que no es de nuestros pagos, es más, alguien que tiene un océano entre medio, ¿qué sentimientos y opiniones le surgen? Acostumbrados estamos los argentinos a hablar de nuestros personajes y acontecimientos pero sentir hablar a un extranjero sobre un hecho o protagonista de nuestra historia nacional, despierta la curiosidad.

Y así me puse a ahondar en las páginas de dicha obra. “Regina de la comunicazione”, la bautiza, o en criollo, “Reina de la comunicación”, elogiando en toda su obra las dotes de “mujer de estado”; alguien que reunía en su persona no sólo la belleza física sino también la inteligencia para poder enfrentarse a las masas sin vacilar. Desde su forma de vestir, sus gestos, sus palabras hacia el pueblo y hacia Perón, todo era una forma de comunicar; una forma de transmitir su amor incondicional hacia el movimiento peronista. Canal de comunicación muchas veces entre las masas con su líder; su discurso claro pero enérgico llegaba a las multitudes. Muchos la consideran el espíritu y acción del peronismo. Es más, el idioma de comunicación con el pueblo para Perón.

Inteligente en la manipulación de palabras hasta tal punto de convertir términos peyorativos creados por la oposición, en calificativos positivos, hasta cariñosos, para referirse a su pueblo, como fue el caso del apodo “cabecitas negras” o “mis gracitas” que los contrarios usaban para referirse a las masas del 17 de octubre de 1945.

Sus vestidos, joyas, peinados, entusiasman a las muchedumbres. Se presenta ante los más pobres como un faro esperanzador. Ella es vivo ejemplo que pueden cambiar sus vidas, que su condición social no los limitará a una existencia miserable. Ella fue pobre, y ahora se presenta al mundo como Primera Dama de la República Argentina. Alguien que ahora viste Chanel y Dior. Como dirá Carola Vai, Evita recurrirá a “una moderna forma de comunicar utilizada en modo revolucionario”. Su vestimenta no es sólo un modo de representarse a sí misma, la Argentina o el Peronismo, sino también una forma de respeto hacia el pueblo, “nosotros no recibimos al pueblo mal vestidos, sino de gala, como merece ser acogido”.

Pero Vai deja entrever en su obra, la Eva Duarte humana, no sólo el personaje político, sino también ese personaje que padeció con angustia y llantos la encarcelación del general Perón en 1943 por órdenes del presidente Farrell, encontrándose en un abrazo emotivo ambos cuando fue liberado.

Las decisiones que tomaba eran con mano firme y sin vueltas como aquella de enviar a los niños pobres de Washington calzado y abrigo lo que generó un “malestar” en el sector diplomático, debido a los roces entre ambos países de los cuales ya hemos hablado en posts anteriores ("La industria nacional peronista") o la compra de armas a Holanda para entregárselas a la Confederación General del Trabajo con la condición de que siempre se usaran para defender a Perón.

En su viaje a Europa en junio del ‘47, la Primera Dama será recibida en un escenario devastado por las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Pero la Argentina de ese entonces, es rica y generosa. Está capacitada para brindar ayuda económica por lo que, en cada visita, Eva Duarte no sólo dejará grandes sumas de dinero, sino también la seguridad de exportación de toneladas de grano para alimentar a las poblaciones por mandato de Perón el cual había asegurado la ayuda económica a la Europa de postguerra pero “sin violar la soberanía de las naciones”. Francia, Italia, España, se lo agradecerán.

Giulio Andreotti, personaje ilustre de la historia italiana, Presidente del Consejo de Ministros desde los 70 hasta los 90 y senador vitalicio desde 1991, conoció a Eva durante su viaje por Europa, quedando maravillado por su apariencia: “Era una verdadera mujer de estado. No sólo era bella sino que también podía mantener una argumentación política sin vacilar. Es más, siempre iba al grano del asunto”. Aunque también relata que a todos los encuentros protocolares llegaba con retraso ya sea porque tenía que arreglar su cabello, o su vestido, o simplemente, por el sólo hecho de ser mujer hizo esperar al mismísimo ¡Pio XII!

En tierras europeas hablará el español, sirviéndose de intérpretes. Sin embargo, Evita, utilizará otros recursos para no pasar desapercibida. Sus gestos, sus vestidos, sus miradas, también hablarán. Su silencio causará intriga, curiosidad y hasta fascinación. Lo elige como forma de comunicación. “Nunca el silencio de una first lady aparece así de ruidoso”, afirma Vai ante los testimonios de aquella época. Es así como la ignorancia de Evita se transformará en astucia. Una mujer que perduró en la mente de muchos, en algunas ocasiones sin hablar, pero diciendo mucho.

Su nombre resuena en todo el mundo y es así que, durante su estadía en la Liguria, Italia, verá su retrato publicado en la revista Time, el 14 de julio de 1947. Su belleza es admirada, su inteligencia, reconocida. Se asegura la trascendencia internacional. Ella quiere ser recordaba pero no olvidada. Objetivo que cumplirá sin lugar a dudas. Como dice el Museo de Eva Perón en Buenos Aires: “Evita, amada u odiada, pero nunca ignorada”.

En Bordighera, Liguria, la Primera Dama cumple con una visita oficial. Esta pequeña ciudad entre San Remo y Ventimiglia la recibe con una gran fiesta y en su honor la costanera fue bautizada “Degli Argentini” (De los argentinos) nombre que mantiene hasta el día de hoy.

Aquella mujer que aseguraba de sí misma: “No hago política. Adoro a los niños. Soy una acérrima enemiga del divorcio. Amo Chopin y mi color preferido es el rojo”, se impuso como meta personal y política el satisfacer las necesidades esenciales para una vida digna de las clases menos favorecidas creando Hogares, Casas de Ancianos, Escuelas, Hogares de Tránsito, el Hogar de la Empleada “General San Martín”, las Ciudades Infantil y Estudiantil, la Escuela de Enfermeras, el Plan Agrario y el Tren Sanitario, nuevas viviendas, colonias de vacaciones, centros sanitarios y policlínicos, a través de la Fundación Ayuda Social María Eva Duarte de Perón, que vio sus inicios el 19 de junio de 1948. Se decía de sí misma que solo era “una descamisada más, la más insignificante de los colaboradores de Perón”.

Aquella mujer que dio lectura el 28 de agosto de 1948, en el Ministerio de Trabajo, a la Declaración de Derechos de la Ancianidad, incluidos en la Constitución de 1949. La misma que el 26 de julio de 1949, en el Teatro Nacional de Corrientes, dio origen al Partido Peronista Femenino.

Aquella mujer que renunció el 31 de agosto de 1951 al cargo de vicepresidente de la Nación en la fórmula Perón-Eva Perón lanzada por la Confederación General del Trabajo y el Partido Peronista Femenino en lo que se conoció como el “Cabildo Abierto Peronista” del 22 de agosto del mismo año, en la Avenida 9 de Julio. Impulsadora, además, del sufragio femenino que influyó en el triunfo de la fórmula Perón-Quijano el 11 de noviembre de 1951, por segunda vez en el país. Aquella misma que para acompañar a su marido de pie en la ceremonia de ascenso a la Presidencia, el 4 de junio de 1952, faltando poco tiempo para su deceso, sometió su figura a un corset de alambre y yeso que la mantuvo de pie durante todo el recorrido por las calles de la Capital, cubriendo el mismo con un llamativo tapado de pieles. ¡Digno gesto del Cid Campeador!

Aquella mujer nacida en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, el 7 de marzo de 1919, pasaría a la Historia como uno de los personajes que luchó incansablemente y hasta altas horas de la madrugada por el bienestar de las clases más humildes. Como Primera Dama fue Eva Perón, pero en su trabajo cotidiano, con los humildes, trabajadores y mujeres, en fin, con sus “Descamisados” fue y será siempre Evita.

Fuentes

- Vai, Carola, Evita. Regina della Comunicazione, Roma, Centro di Documentazione Giornalistica, 2009.

- Barnes, John, Eva Perón. La vida legendaria de una mujer, la más amada, la más odiada, Buenos Aires, Ultramar Editores, 1987.

- “Reseña histórica de la vida de Evita”, en: <www.museoevita.org>.


Con el príncipe Alessandro Ruspoli en el Vaticano durante la visita a Pío XII (1947)


Bonus track:



"No llores por mí Argentina", de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, canción del musical Evita interpretada por la soprano holandesa Suzan Erens y la orquesta de André Rieu, Nueva York, 2006.

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