Narciso Ibáñez Menta. Maestro del Terror, por Alberto N. Manfredi (h)
 
Miembro de un linaje de grandes personalidades del cine nacional de la talla de Augusto y Luz Álvarez, Manfredi lleva el cine en sus venas. Se ha especializado en la historia de la industria cinematográfica argentina. Ya hemos compartido con nuestros lectores sus valiosos aportes sobre Basil Rathbone y Christopher Plummer. Ahora le toca el turno a un grande del Terror, “La Voz del Terror”, inconfundible y omnipresente en nuestras pesadillas adolescentes desde que presentaba el inolvidable ciclo televisivo Viaje a lo Inesperado…
Uno de los actores más grandes que ha desfilado por las pantallas y las tablas del mundo hispano fue, sin ninguna duda, Narciso Ibáñez Menta, genio del cine y el teatro, actor de raza, caballero, amigo, hombre de honor y prestancia, hoy recordado como el maestro del terror por excelencia de nuestra lengua madre, tanto en Argentina como en su tierra de nacimiento. Sus películas impactaron a generaciones enteras, sus actuaciones teatrales convocaban a miles de espectadores y obligaban a extender los contratos ante la inesperada convocatoria y sus ciclos televisivos marcaron a fuego las audiencias de América Latina y España y se los recuerda como expresiones de un tiempo dorado que jamás recuperaremos.



Cuando a mediados de 1922 los empresarios Manuel M. González y Augusto Álvarez adquirieron el viejo Teatro “Porteño”, en Av. Corrientes 846, contiguo al actual Cine-Teatro “Ópera”, una compañía española trataba de mantener en escena Rapaciño de Julio F. Escobar (1), suerte de comedia dramática que contaba las andanzas de un rapaz avispado, capaz de ingeniárselas para sobrevivir en la vida.

Si bien en un comienzo la obra atrajo público, el interés había comenzado a decaer, razón por la cual, la propia agrupación dio por finalizada la temporada, aun cuando los flamantes propietarios acordaron su continuación durante un mes más.

Se trataba de la compañía Ibáñez-Menta, cuyas primeras figuras eran don Narciso Ibáñez Cotanda, murciano, ex estudiante de ingeniería nacido en la finca familiar de Pozo Estrecho, próxima a Cartagena y doña Consuelo Menta Agreda, vasca, oriunda de San Sebastián, artistas líricos ambos.

Pero había otro integrante de la familia, que destacaba por su precocidad, personalidad y talento, el pequeño Narcisín, de tan solo nueve años, quien interpretaba con asombrosa capacidad, al personaje central.

Nacido en una pensión de Sama de Langreo, Asturias, el 25 de agosto de 1912, cuando la compañía recorría el norte de la Madre Patria, había heredado de sus progenitores tanto el talento como la confianza.

Según cuenta la leyenda, su primer papel lo interpretó a los ocho días de vida, cuando apareció sobre el escenario en brazos de la actriz Carola Ferrando. Cierto o no, el niño llevaba el teatro en las venas de ahí que, tres años después, no dudó en subir al escenario para improvisar con asombroso dominio de sí mismo, maravillando al público presente. Fue el debut del genial Narciso Ibáñez Menta.

El hecho ocurrió en Granada y se repitió en otras ciudades.

Después de varias temporadas por España y Portugal, la compañía cruzó el Atlántico para actuar en diferentes países, recalando en la pujante Buenos Aires, a fines de los años diez, para asentarse allí de manera permanente.

Su debut porteño tuvo lugar en el Teatro “Comedia”, con el estreno de la zarzuela Los Granujas, de Carlos Arniches (25 de agosto de 1919), día en que el pequeño Narcisín cumplía siete años.

En 1923 los Ibáñez Menta fundaron la Compañía Hispano-Argentina y con ella emprendieron una larga gira por Europa y América que culminó en Nueva York (1928), donde el muchacho, ya adolescente, filmó su primera película, Amor y Deporte, producción de la Rialto Motion Pictures.

La familia hizo de la Argentina su segunda patria, de ahí que el gran actor se refiriera a ella en infinidad de oportunidades.

Su paso por el teatro y el cine es harto conocido, razón por la cual, apenas nos limitaremos a un breve repaso, mencionando unas pocas actuaciones, para no apartarnos demasiado del tema que nos ocupa.

Siguiendo el relato de su biógrafo, Jaime Serrats Ollé y el de su propio hijo, Narciso Ibáñez Serrador, entre las obras de teatro que nuestro biografiado interpretó, destacan: Notre Dame (1934); Arsénico y encaje antiguo; Fausto, de Goethe; Sangre negra; La muerte de un viajante, de Arthur Miller (1950); El carro de la basura (1951); Culpable, de Eduardo Borrás; Un tal Judas, de Claude André Puget y Pierre Bost (1955); Jacowosky y el coronel; Así en la tierra como en el cielo, de Fritz Hochwalder (1957) y Manos sucias, de Jean Paul Sartre (1956).

Radicado en nuestro país, a partir de 1931 fue llamado por los más afamados directores para actuar en producciones locales, las más recordadas, Cuando en el cielo pasen lista (1945), donde interpreta al célebre maestro William C. Morris, Corazón, de Carlos Borcosque (1947), basada en el libro de Edmundo De Amicis, Almafuerte, en la cual encarnó magistralmente al notable educador y poeta (1949), la memorable Procesado 1040 (1958) y Los muchachos de antes no usaban gomina (1976).



Policiales y de suspenso

Pero no es de ese Narciso Ibáñez Menta del que queremos hablar sino de aquel otro; ese que cautivó al público con sus interpretaciones de misterio y terror.

Su aproximación al género la hizo incursionando en los campos del suspenso y la temática policial.

En 1942 rodó Historias de crímenes, largometraje argentino dirigido por Manuel Romero, donde interpreta a Enrique Mendel, el rico banquero que enamorado de la bailarina Lucy Torres (Zully Moreno), comienza a dilapidar la fortuna de su joven sobrina Esther (Nuri Montsé), de quien es tutor, por lo cual asesina a la mucama María (María Esther Buschiazo), que había amenazado con denunciarlo.

En 1952 hizo La bestia debe morir, de Román Viñoly Barreto, donde comparte el papel protagónico con un impresionante Guillermo Battaglia haciendo del cruel e inhumano George Rattery. Aquí Ibáñez Menta encarna a Félix Lane, el escritor que busca al conductor que atropelló a su hijo, para vengarse (2).



Dos años después llegó el turno de Maleficio (3), co-producción hispano-argentino-mexicana, con Ibáñez Menta en el rol principal, un policial en el que la trama gira en torno a una joya.

En 1969, Daniel Tinayre lo dirigió en Kuma Ching o Un ataúd para Hong Kong, la historia de un técnico en pulmotores al que por error le colocan en el pecho un artefacto electrónico de alta sofisticación destinado a un espía. Por esa razón, es enviado a Hong Kong, por una poderosa organización y luego a China, donde debe rescatar a un científico nuclear (Ibáñez Menta), siempre acompañado por Lola, hija del secuestrado.

Pese a que se trata de una comedia, se la debe encuadrar en el género policial y de intriga, pues contiene ingredientes de ambas temáticas. La presencia de Luis Sandrini (Carlos Spumarella), Juan Verdaguer (Capitán Holmes), Lola Flores (Lola Reyes), Tincho Zavala (chino anciano), Homero Cárpena (General Chang), Luis Medina Castro (Liu), María Aurelia Bisutti (Ping Lu), Augusto Codecá (abogado), Rey Charol (chofer de taxi) y hasta Florén Delbene, habla a las claras de un reparto estelar.

Maestro del Terror

La primera interpretación que Ibáñez Menta hizo en el género de horror fue Una luz en la ventana, del sello Lumiton, estrenada el mismo año que Historias de crímenes, también dirigida por Manuel Romero. Se trata de una historia escalofriante en la que una enfermera (Irma Córdoba) viaja hasta una remota localidad del interior, para cuidar a una anciana paralítica (María Esther Buschiazzo), que vive en “Las Tunas”, lúgubre mansión de campo que comparte con su hijo, el Dr. Herman (Narciso Ibáñez Menta), afectado por una marcada deformidad. La intención del científico es practicar un siniestro trasplante de pituitaria, utilizando como cobayo a la recién llegada. Son de destacar en esta cinta, su ambientación, el trabajo de maquillaje y el monstruo al que casi siempre se ve en penumbras. Lamentablemente hay un abuso de escenas humorísticas a cargo de Severo Fernández (Juan, el chofer) y eso disminuye un tanto el ambiente tenebroso que rodea a la trama.

Dijo de ella La Nación, en su edición del 14 de mayo de 1942:

Una excursión en el terreno de los episodios de terror y misterio con fuerte dosis de truculencia es “Una luz en la ventana”, la producción que la Lumiton estrenó ayer en el Broadway. A pesar de que en el diálogo hay alguna zumba para el correcto caballero británico que con el nombre cinematográfico de Boris Karloff ha sacado a relucir en la pantalla tantos rostros inquietantes, la verdad es que en su característico repertorio ha bebido el argumentista-realizador. De su vasto instrumental se han imitado lluvia y truenos, la muchacha que va a ser víctima y el acromegálico atribulado con su fealdad. Para refaccionarse el rostro el acromegálico, que ha sido médico eminente (la prueba está en que a los 30 años ya tenía discípulos devotos), decide trocar su hipófisis con una muchacha que ha acudido a colocarse de enfermera en la casa misteriosa y poco acogedora. La providencia no permite que la enormidad quirúrgica se consume, y como la vía organoterápica no se ensaya, al acromegálico no le queda otro remedio que encaminarse al otro mundo.
Es probable que el espectador compadezca al personaje central por su fealdad tan notoria, y hasta es probable también que se apiade por las cosas que le hacen decir.
En los momentos cómicos y en los de intriga, al aproximarse a la catástasis, “Una luz en la ventana” cobra animación y se sigue con curiosidad. El episodio sentimental y la movilización bien ordenada de personajes laterales -una anciana alternativamente cómplice y salvadora, un doctor sombrío colocado tras anteojos de vidrios espesísimos y un trío quirúrgico en almidonado traje de faena-, comunican variación al hilo del relato, desenvuelto con agilidad material.
Narciso Ibáñez Menta contribuye, con una caracterización impresionante y con algunos trémolos declamatorios, a la interpretación de conjunto, dentro del cual el rostro agraciado de Irma Córdoba (actriz que cumple con inteligencia su papel), es la nota reconfortante. Nicolás Fregues y María Ester Buschiazzo asumen con eficacia dos tipos habituales en el género. Juan Carlos Thorry, galán, y Severo Fernández, cómico, son los otros actores de importancia en el cuadro central.
Manuel Romero ha estado más feliz en su puesto de avezado realizador y conocedor de su oficio que en el de argumentista, pues las fuentes a las que recurrió y los procedimientos imitativos y traslaticios no han podido ser más modestos (4).


En su siguiente entrega, Obras maestras del terror (1960), el maestro vuelve a mostrar sus cualidades actorales, en este caso, interpretando tres cuentos de Edgar Allan Poe, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, El tonel de amontillado y El corazón delator.



Bien dirigida por Enrique Carreras, sobre un guión del propio Menta, la cinta logra introducir al espectador en la tenebrosa y agobiante narrativa del escritor estadounidense.

La película comienza con la llamada que los dueños de casa le hacen a Isabel, su mucama (Mercedes Carrera), anunciándole que debido a la fuerte tormenta, llegarían más tarde de lo esperado. Para matar el tiempo, la muchacha toma un libro que encuentra sobre la mesa y comienza a leer. Se trata de las Narraciones Extraordinarias, de Poe, la impresionante colección de relatos que las editoriales del país del Norte recopilaron después de su muerte, acaecida en Baltimore, el 7 de octubre de 1849.

Comienza con La verdad sobre el caso del señor Valdemar, donde un científico experimenta con la hipnosis para curar enfermedades mentales. La oportunidad de poner en práctica sus teorías se presenta cuando su discípulo cae presa de una enfermedad mortal, y el científico ve la oportunidad de probar si puede rescatarlo de la muerte.

En El tonel de amontillado, tiene lugar la más espeluznante venganza que se pueda imaginar, cuando el señor Samivet, dueño de un viñedo, descubre que su joven esposa lo engaña con un mercader ambulante que pasa por el pueblo, en ocasión de una fiesta. Tranquilo, sereno, conservando la calma de manera magistral, Samivet mata primero a su esposa y luego, mediante engaños, conduce al amante hasta los sótanos de su residencia para embriagarlo con el magnífico vino de su producción, hasta hacerle perder la conciencia. Cuando horas después, el desprevenido joven despierta, se encuentra encadenado a la pared de una sórdida habitación subterránea que el dueño de casa tapa lentamente, para dejarlo encerrado en su interior.

Finalmente, en El corazón delator, un joven dependiente de una casa de antigüedades, cuyo dueño es un siniestro personaje con un ojo de vidrio, sufre todo tipo de humillaciones por parte de éste. A medida que pasa el tiempo, el muchacho va desarrollando un odio visceral hacia su malvado patrón –con el que vive–, sentimiento que se centra en el macabro ojo, situación que lo lleva a asfixiarlo con una almohada.

La película fue un éxito y hasta se exhibió en los Estados Unidos (solo los dos primeros relatos), bajo el título Master of horror (5).

Llegó entonces la etapa televisiva, aquella que nos marcó a fuego y luego, las memorables películas que realizó en su tierra de nacimiento, ya consagrado como maestro del género por excelencia.

En 1972, nuestro biografiado fue llamado por León Klimovsky (6), para hacer La saga de los Drácula, largometraje español estrenado en 1973, que relata la historia de Berta (Tina Sáinz), nieta del conde Vlad Tepes, descendiente del legendario Vlad el Empalador, quien varios años después, regresa embarazada al castillo de los Cárpatos, acompañada por su marido (Tony Isbert), con la intención de traer al mundo al bisnieto del vampiro. Una película modesta aunque entretenida, hoy considerada de culto por los aficionados al género.



Dos años después fue el turno de Odio mi cuerpo, también de Klimovsky, producción de la española Galaxia Films, donde el siniestro Dr. Adolfo Berger, trasplanta el cerebro de un hombre mujeriego y mundano, muerto en un accidente automovilístico, al cuerpo de una mujer. Es de imaginar la sorpresa del paciente, al verse en el espejo como una voluptuosa y llamativa joven (Alexandra Bastedo), lo que desencadena una terrible lucha entre cuerpo y mente.

En Viaje al más allá (1980), de la productora Balcázar, Sebastián D’Arbó (7), dirige al gran actor, en este caso el enigmático Dr. Meinen, experto en fenómenos parasicológicos, quien reúne en una apartada mansión a una serie de personas que han protagonizado extrañas experiencias paranormales. Del mismo director es Más allá de la muerte (1986), un thriller al cual, como Odio mi cuerpo y Viaje al más allá, podríamos catalogar también dentro de la temática de ciencia-ficción. En este caso, el Dr. Hammerman, médico judío que ha descubierto el modo de revivir a los muertos, es perseguido por una secta neonazi que intenta apoderarse de su secreto. Las críticas que recibió no fueron buenas; fue catalogada como una producción de baja calidad, mala y barata, pero los cultores del género la tienen entre sus favoritas porque cumple su rol y entretiene.

Antes de trabajar con D’Arbó, el maestro hizo El retorno del hombre lobo (1981), película dirigida por Paul Naschy, que en realidad era Jacinto Molina Álvarez, actor, director y campeón de levantamiento de pesas español quien ostenta el récord de haber interpretado la mayor cantidad de veces al terrible licántropo, más todavía que el recordado Lon Channey Jr. (8).

Naschy, o Molina Álvarez, es otro de los grandes del terror español, hizo medio centenar de películas, muchas de ellas bajo la dirección de nuestros compatriotas León Klimovsky y Tulio Demichelis y aunque desconocido en nuestro país, es recordado en el suyo, tanto por sus apariciones en pantalla como por su actuación detrás de las cámaras.

Entre 1980 y 1981 rodó El retorno del hombre lobo, producción de Modesto Pérez Redondo y Julia Saly, que podría ser considerada una continuación de Dr. Jekyll y el Hombre Lobo, donde Naschy interpreta al monstruo y hace de Mr. Hyde, cuando el científico (Jack Taylor) bebe su brebaje (9).

En este caso, don Narciso tiene un papel secundario, un profesor experto en ciencias ocultas, que guarda en su poder un misterioso talismán que servirá para revivir al monstruo y termina salvajemente asesinado.

La trama comienza en la Hungría del siglo XVI, donde la condesa Elizabeth Bathory (Julia Saly), es condenada a morir emparedada en sus aposentos junto a sirvientes y familiares, por haber asesinado a una joven mujer para bañarse en su sangre. Entre los últimos se encuentra el caballero polaco Waldemar Daninsky, ajusticiado por el verdugo con una cruz de plata en el corazón. En 1980, tres estudiantes alemanas llegan a Hungría y por casualidad, descubren la tumba de la noble y se compenetran del terror que ha sembrado a través de los años. Una de ellas, Erika (Silvia Aguilar), participa en una macabra ceremonia y con dos gotas de sangre de la mujer vampiro, resucita a Daninsky, es decir, al hombre-lobo, que como no podía ser de otro modo, comienza a hacer estragos.

La película no obtuvo el éxito esperado pero también es objeto de culto, como todo lo que ha protagonizado o dirigido Molina Álvarez, y si bien su papel es secundario, el gran Narciso horroriza a la audiencia cuando lo asesinan para arrebatarle el medallón con el que son convocadas las fuerzas del mal.

Algo mejor le fue a D’Arbó con El Ser, donde Mercedes Sanpietro, Ibáñez Menta y Ramiro Oliveros se desenvuelven en una trama sórdida y tenebrosa.

Una familia compuesta por Carlos y Eva vive con sus hijos Miriam y Alex, de ocho y nueve años de edad, en un pequeño pueblo montañés de Europa central. Un día, Carlos muere en un accidente laboral y su viuda queda sola con sus hijos, rodeada por un ambiente que se torna hostil a medida que pasa el tiempo.

Una serie de muertes extrañas tiene lugar en el pueblo, las que parecen provocadas por la misma Eva. Entonces Jaime, un abogado amigo de la familia, decide ayudarlos y pronto comprende que algo sobrenatural ocurre en torno a la mujer, de ahí la idea de recurrir a un afamado parapsicólogo, el Dr. Oliver (Narciso Ibáñez Menta), para que revele el caso.

Como las extrañas muertes se siguen sucediendo, la policía comienza a sospechar que Carlos está vivo y es quien comete los crímenes. Será el Dr. Oliver el encargado de demostrar que lo que ronda por el lugar es su energía, que acude del más allá, corporizado en un ser de otra dimensión, para socorrer a su familia.

Memorables ciclos televisivos

Narciso Ibáñez Menta pudo haber interpretado grandes películas de horror, de hecho, lo hizo y de manera brillante, pero hoy se lo recuerda por sus ciclos televisivos, memorables, impactantes, revolucionarios para la época, no solamente por su actuación y la calidad de los actores que lo secundaban sino también por su ambientación, el trabajo de maquillaje, los decorados y el vestuario.

La mayoría fueron producidos por la televisión argentina, el primero de ellos El fantasma de la Ópera, basado en la célebre obra de Gastón Leroux, magistralmente interpretada por Lon Channey padre, en tiempos del cine mudo (1925) y Claude Rains, en 1943, recordado también por su rol en El hombre invisible.



Fue un éxito rotundo, que atrapó de tal manera al público, que la gente evitaba cualquier compromiso en ese horario para clavarse frente al aparato y seguir la trama.

Fueron nueve capítulos, el primero emitido el sábado 2 de julio de 1960 y el último el 27 de agosto del mismo año, siempre a las 22 horas, por Canal 9, alcanzando récords de audiencia.

Erik, el fantasma (Narciso Ibáñez Menta) cautivó desde el primer minuto de su aparición. Contaba con un elenco brillante, integrado por Beatriz Díaz Quiroga en el rol de Cristina, José María Langlais en el de Raoul de Chagny, Noemí Laserre como Carlota, Adolfo Linvel como el administrador del teatro, Juan José Edelman haciendo del Persa y otros artistas de renombre, tales los casos de Beatriz Bonnet y Alba Mujica, quienes cumplieron sus compromisos de manera impecable. La adaptación del libro estuvo a cargo de Narciso Ibáñez Serrador, quien firmaba con el apodo de Luis Peñafiel y la dirección, de la talentosa Martha Reguera.

… todo Buenos Aires y más allá del linde metropolitano, el sábado a la noche fue cosa sagrada para miles y miles de telespectadores, que terminaron por tomar en serio al Erik y el coro de figuras, en una obra de terror y suspenso que vino a demostrar una vez más que todo aquello que tiene una calidad, un sentido estricto de lo que se está haciendo, cada cosa en su lugar y dando a los ojos y oídos el folletín que el público acepta como tal, siempre que esté dentro del antecedente literario que le otorga jerarquía, todo eso logra su finalidad: entretener vivamente al más vasto de los auditorios (10).

La Nación publicó el 15 de julio de ese año:

“El Fantasma de la Ópera”, que se televisa por LS 83 Canal 9 de TV, con la dirección de Narciso Ibáñez Menta, es esperada para mañana con gran expectación. Los televidentes, de no aparecer en la televisión el fatídico rostro, dudarán de su existencia. También se conocerán, en esta oportunidad, los primeros sucesos de tipo horripilantes y será bailada “La danza Herodiade” (11).

Dice de aquella iniciativa Darío Lavia en su libro biográfico:

… corresponde a Narciso Ibáñez Menta y Narciso Ibáñez Serrador, padre e hijo, el honor de ser los iniciadores del fantástico en la Televisión Argentina. La historia se inicia en 1958 cuando ensayan un paso en el género a través de un ciclo titulado MALDITOS DE LA HISTORIA, episodios de media hora que consisten en biografías de personajes célebres que, en el caso de EL EXTRAÑO CASO DEL HOMBRE Y LA BESTIA o POE pueden haber tenido elementos terroríficos. Con el crecimiento del medio televisivo y la consecuente asegurabilidad de audiencias para los Ibáñez, en agosto de 1959 el único canal televisivo del país pone en el aire un programa titulado OBRAS MAESTRAS DEL TERROR, al que podríamos denominar con justicia “primer ciclo televisivo argentino de terror”.
El ciclo se inicia con uno de los más conocidos cuentos de Edgar Allan Poe, titulado EL CORAZÓN DELATOR. Es la historia de un viejo avaro (un soberbio maquillaje de Narciso padre) y de un supuesto sobrino que se viene a hospedar con él (Narciso hijo). El programa se convierte en un éxito y esto se traduce en el cumplimiento del primer mes en el aire con cinco episodios inspirados en Poe y un segundo mes consagrado a Stevenson, con la serialización de la obra del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, titulada EL HOMBRE Y LA BESTIA. No satisfecho con la popularidad del ciclo, Argentina Sono Film anuncia la filmación de una película titulada OBRAS MAESTRAS DEL TERROR, cuyo rodaje, dirigido por Enrique Carreras, se inicia a fines de 1959. En un punto culminante en la carrera de Narciso, en julio de 1960 sale al aire la segunda temporada de OBRAS MAESTRAS, esta vez por el naciente Canal 9, con la obra EL FANTASMA DE LA ÓPERA, versión serializada del folletín de Gaston Leroux. 1960 es el año en que Narciso se consagra casi por entero a sus Obras Maestras del Terror, logrando durante los dos meses de emisión de EL FANTASMA DE LA ÓPERA, picos de audiencia sumamente altos, que se mantienen durante el resto del año con los restantes episodios, que incluyen, entre otras, versiones de AL CAER LA NOCHE, de Emlyn Williams; LA MANO, de Guy de Maupassant; LA CARRETA FANTASMA, de Selma Lagerlof; EL HACHA DE ORO, nuevamente de Leroux; y, como último episodio, esta vez serializado, ¿ES USTED EL ASESINO?, de Fernand Crommelynck (12).


El récord de audiencia de El fantasma de la Ópera, fue superado dos años después por El muñeco maldito, nuevo ciclo terrorífico, emitido esta vez por Canal 7, siempre bajo el rótulo Obras Maestras del Terror. Fue un esfuerzo sin precedentes, con sesiones de maquillaje de hasta cinco horas de duración, trescientos artistas, doscientos técnicos y gran despliegue, como lo informa la legendaria revista Canal TV en su edición Nº 199, Año V, el 3 de mayo de aquel año (13). Basado en otro libro de Leroux, adaptado en este caso por Jacobo Lagsner, volvió a ser dirigido por Martha Reguera, con escenografía de Mario Vanarelli.

En esta ocasión, Benito Mason, un hombre atormentado por su deforme rostro (precedente de El hombre elefante), es injustamente acusado de un crimen que no cometió, y ejecutado en la guillotina. Mientras eso sucede, un relojero y un escultor, trabajan en una sórdida habitación subterránea, debajo del negocio anticuario del primero, construyendo un siniestro muñeco mecánico, al que le instalan un cerebro para darle vida. Como es de imaginar, ese cerebro es el de Benito Mason, quien una vez vuelto a la vida, se dedicará a buscar venganza, asesinando a quienes lo condenaron.

Una vez más, el gran Narciso logró récords de audiencia, clavando al espectador frente al televisor para no moverse hasta el final de cada capítulo. El primero de ellos fue emitido el sábado 7 de abril a las 21:30 y el último -el decimotercero-, el 30 de junio siempre a las diez de la noche (14).

Una vez más la personalidad de Narciso Ibáñez Menta, capacidad lograda en un constante quehacer en el difícil arte del teatro, menifestóse integral y vigorosamente en la que será sin duda una de sus manifestaciones más memorables, "El Muñeco Maldito", la obra de Gastón Leroux (15).

Se dice que Narciso fue tan exigente en la escenificación, que el actor Américo Sanjurjo sufrió una descompensación cuando se lo obligó a introducirse en un ataúd lleno de ratas.

Secundaron al maestro, en esta ocasión, Beatriz Díaz Quiroga, Martha Argibay, Luis Sorel, Cristina Gaymar, Juan José Edelman y el mencionado Sanjurjo.

Tal fue el éxito del nuevo ciclo, que en marzo de 1963 se lo volvió a emitir, en este caso bajo el título Obras Maestras Philco.

¿Es usted el asesino?

La vida de Narciso Ibáñez Menta se desarrolló entre España y la Argentina. Nacido en la primera, radicado en la segunda en dos momentos de su vida, casado con la porteña Pepita Serrador, padre de un hijo uruguayo, en 1966 se encontraba de regreso en Madrid, bosquejando su siguiente proyecto, ¿Es usted el asesino?, una realización de Manuel Ripoll y Héctor Quiroga para la RTVE, basada en la obra homónima de Fernand Crommelynck, con guión de León Cotanda, música de nuestro compatriota Waldo de los Ríos y dirección del propio Ibáñez Menta. Nueve episodios que se emitían los lunes a las 23:00, a partir del 7 de agosto de 1967, con un reparto que incluía a José María Caffarel, Lorenzo Ramírez, Estanis González, José Orjas, María Jesús Lara, Mercedes Barranco, Serafín Vázquez y Claudio Rodríguez como narrador.

La serie tuvo un impacto masivo, tanto en España como en varios países de América, incluyendo el nuestro, donde se comenzó a emitir en el verano de 1968 por Canal 11.

Fueron nueve semanas en las cuales los españoles se atrincheraron en sus hogares frente a la pantalla de televisión y si no la tenían, en la de algún vecino, negocio o cualquier lugar que contase con una. Se dice que los bares se llenaban como si de un mundial de fútbol se tratase, pues todo el mundo estaba ansioso por dilucidar quién era el asesino serial que rondaba en las noches por la ciudad, munido de un paraguas, aterrorizando a la población con sus brutales crímenes.

La trama comienza con el homicidio de un rico banquero, al salir del domicilio de su amante y continúa con una serie de muertes indiscriminadas (hombres, mujeres, ancianos, adultos, jóvenes), siempre en lugares solitarios y apartados, a manos de aquel hombre de sobretodo guantes y sombrero negro, anteojos obscuros y poblada cabellera, barba y bigote, que recorría las calles desiertas durante las noches, burlando a la policía.

“¿Es usted el asesino?”, terminaba preguntando la voz en off mientras una mano apuntaba con el índice hacia los telespectadores.

En esta nueva obra maestra, el maestro es el señor Larose, un investigador particular, que tras el primer crimen, se presenta a las autoridades para enseñarles el plan que había desarrollado para atrapar al homicida.

Todo estaba logrado, desde el vestuario, la ambientación y las actuaciones -propias de esa época-, hasta la escalofriante banda sonora, con aquel aterrador “plin, plin”, que acompañaba al psicópata (la cámara siempre enfocaba sus pies y paraguas mientras caminaba por la ciudad).

La serie se estrenó en la Argentina durante el verano de 1968, y como en los casos de El fantasma de la Ópera y El muñeco maldito, alcanzó inusitados picos de audiencia.

El hombre que volvió de la muerte

Si las anteriores producciones fueron impactantes, con la siguiente el maestro logró superarse, arrasando con todos los pronósticos y las expectativas.

El hombre que volvió de la muerte nos atrapó desde el primer minuto. Podemos decir que marcó a toda una generación, cautivando a hombres y mujeres, fueran adolescentes o ancianos; gente de diferentes estratos y condiciones, todos urgidos por llegar a sus casas a tiempo, para sintonizar la emisora y seguir la truculenta trama que se nos entregaba en cada ocasión.

Clásico del terror y la ciencia-ficción de habla hispana, precursora de ambos géneros en América Latina, alcanzó elevados niveles de rating en varios países del continente, donde la gente también se pegaba hipnotizada al televisor para seguir la terrible venganza de Elmer Van Hess, el hombre injustamente condenado al cadalso, que es revivido por el Dr. Mortensen, uno de sus verdugos, como parte de un escalofriante experimento.

Van Hess era un hombre bueno, simple y generoso, que estaba a punto de casarse con su prometida. Acusado falsamente de haber cometido un crimen por quien codiciaba el amor de su futura esposa, es llevado a la silla eléctrica y ejecutado.

Luego de adquirir su cuerpo, el Dr. Mortensen reemplaza sus órganos por otros artificiales, de su propia elaboración y lo vuelve a la vida.

Van Hess recupera la conciencia y decide vengarse, incendiando primero el laboratorio de Mortensen, donde su rostro queda desfigurado y escapando luego, para dirigirse a Egipto, donde toma contacto con Abdul, una suerte de hechicero ciego, que le entrega una máscara elaborada con piel humana, el rostro de la diosa de la venganza.

Llevándose al sabio egipcio consigo, Van Hess regresa a su tierra para llevar a cabo su diabólico plan: eliminar uno a uno a quienes lo habían condenado a muerte. Y así, vestido con una larga túnica negra y la máscara en cuestión, comienza su macabra obra, haciéndole llegar a los condenados previamente, unos sapos o ranas de ópalo negro, anuncio de su condena a muerte.

De ese modo, uno a uno va eliminando a sus verdugos, sabiendo que al ser dueño de una vida excesivamente prolongada, dispone de todo el tiempo del mundo.

Producida por Alejandro Romay, con libro de Abel Santa Cruz, puesta en escena de Osvaldo Dragún y dirección de Martín Clutet (16), Narciso sale a escena secundado por un reparto de nivel, integrado por Eduardo Rudy (Dr. Mortensen), Fernanda Mistral (Dra. Erika), Alberto Argibay (Frederick), Oscar Ferrigno (Coronel Larsen), Carlos Muñoz (Padre Bormann), Alicia Berdaxagar (Helga), Romualdo Quiroga (Jonathan), Susana Campos (Liria), Claudio García Satur (Lazlo Avalon), Néstor Hugo Rivas (Abdul), Francisco de Paula (Su Excelencia), Cristina Gaymar (Andrea), Laura Bove (Srta. Manner), Erika Wallner (Sonia) y Héctor Sturman (Sr. Manner).

Fueron doce capítulos, el primero de los cuales salió al aire el 3 de abril de 1969, logrando un verdadero récord para la época, con 672.682 hogares sintonizando el Canal 9 para verla (17).

Memorable fue la escena del trasplante de órganos para la cual, se recurrió a un cadáver de verdad, que aguardaba ser retirado por sus deudos de la morgue judicial. Por él, una familia de muy bajos recursos, cobró la suma de $60.000 de la época, la cual debió esperar fuera de la sala donde se registraron las escenas, para retirarlo (18).

En el año 2007, la productora Pol-Ka tuvo el descaro de hacer la remake de esta verdadera obra maestra, con Diego Peretti como Elmer Van Hess, Luis Machín como el Dr. Mortensen, Nancy Dupláa como Erika Ortiz y un elenco olvidable.

Se dice que la máscara que se utilizó en la ocasión fue la misma que se colocó el maestro en 1969, pero todos recordamos que la misma fue sorteada entre los televidentes una vez finalizada la miniserie.



El monstruo no ha muerto

Berlín, 7 de mayo de 1945, bunker subterráneo bajo las ruinas de la Cancillería del Reich. Un oficial que lleva un brazo sujeto por una venda entra apresuradamente y se dirige a las dependencias del Führer; los guardias apostados junto a una gran bandera nazi, se cuadran.

El recién llegado desciende los escalones y se dirige resueltamente a la antecámara, donde aguardan varios jerarcas junto a sus esposas, hijos y personal de servicio.

El oficial en cuestión, aparentemente Wilhelm Mohnke, se detiene frente a una puerta custodiada por dos fornidos guardias de la SS, y les enseña un parte.

-¡Mensaje urgente para el Führer! –dice en alemán.

Uno de los efectivos, al parecer Otto Günsche, golpea la puerta y una voz desde el interior dice “adelante”.

El oficial ingresa a la habitación y tras el “¡Heil, Hitler!” de rigor, extiende el parte al líder.

Siempre en alemán, informa:

-¡Los tanques rusos están entrando en Berlín… pero seguiremos luchando hasta el último hombre, mi Führer!

Sin pronunciar palabra, Hitler (Narciso Ibáñez Menta) le ordena retirarse, alzando su mano derecha en señal de saludo.

-¡Heil, Hitler! –dice Mohnke abandonando la habitación.

El líder de Alemania permanece unos instantes en silencio, mira luego a su esposa, Eva Braun (Lily Vicet), se pone de pie y camina hacia el gran mapa de Europa que pende de la pared. Antes de hacerlo, quiebra el lápiz que sostiene en la mano.

Permanece de pie unos instantes, mirando el gran plano con resignación y luego pregunta qué hora es.

-Las tres de la tarde –le responde Eva, siempre en alemán.

Entonces Hitler toma un grueso crayón y hace una gran “X” sobre Alemania y Austria. Todo está perdido.

Salen ambos a la antesala y se despiden de los presentes, entre quienes destacan Joseph Goebbels (Carlos Trigo), el fanático ministro de Propaganda, su esposa Magda y al menos una de sus hijas. El clima es agobiante y el aire parece cortarse con un cuchillo.

Hitler y Eva saludan a todos y cada uno de los presentes. Los hombres se cuadran, las mujeres sollozan, los pequeños se mantienen en silencio. Al llegar a Goebbels, se miran ambos unos instantes y sin decir palabra, el Führer posa sus manos sobre el hombro derecho del ministro, en señal de gratitud y afecto. Afuera, el bombardeo soviético arrecia.

El matrimonio regresa a la habitación y segundos después, se escucha un disparo. Tan solo un disparo.

Inmediatamente después, dos altos jerarcas (Hans Krebs y Alfred Jodl) abren la puerta y se encuentran con un cuadro desolador. Eva Braun yace muerta sobre el sofá, pero al líder nacionalsocialista no se lo ve. Luego salen a la antecámara nuevamente y Jodl dice de manera lapidaria:

-El Führer ha muerto.

Enseguida sale su compañero llevando al cadáver de Eva en sus brazos y detrás, Günsche y el otro guardia con un cuerpo envuelto en una frazada. Los presentes observan atónitos, entre ellos un desencajado Goebbels, quien sucederá a Hitler por unas horas antes de matar a sus hijos y suicidarse junto a su esposa.

La escena siguiente tiene lugar en los ruinosos jardines de la Cancillería, mientras las bombas estallan en los alrededores.

Un grupo de soldados deposita los cadáveres en el suelo, ambos cubiertos por gruesas mantas y a la vista de varios oficiales, los rocían con bencina para prenderles fuego. Y mientras éstos arden, adoptan posición de firmes y hacen el saludo romano en tanto un soldado, derrama lágrimas de dolor.

Con esas escenas comienza la nueva entrega de Narciso Ibáñez Menta, El monstruo no ha muerto, otra producción espectacular con la que el maestro volvió a secuestrar a la audiencia y mantenerla atada delante del televisor.

Las escenas son tan reales, la reconstrucción está tan bien lograda, el clima es tan agobiante, tan magníficos el vestuario y los decorados, que por momentos parecen tomas extraídas de La Caída, la grandiosa producción germano-ítalo-austríaca estrenada en 2004, con un increíble Bruno Ganz en el papel de Hitler.

La trama se centra en la figura de David Rost (Alberto Argibay), a quien los nazis sometieron a una terrible operación en un campo de concentración, destinada a modificar el rostro de Hitler. Rost ha sobrevivido a la guerra pero perdió a toda su familia, razón por la cual, consagra su vida a demostrar que el líder nacionalsocialista no murió en el bunker sino que escapó (presumiblemente a la Argentina), ayudado por una organización secreta fascista (¿Odessa?), desparramada por el mundo.

La serie se emitía los jueves a las 22 hs. por Canal 9 y contó en su elenco, con figuras de la talla de César André (miembro del Pentágono), Roberto Airaldi (general), Alicia Bruzzo (Rosita), Luis Corradi (obispo), Zelmar Gueñol (periodista), María Ibarreta (Esther), Cipe Lincovsky (Judith), Nelly Prono (guardiacárcel), Pepe Soriano (anciano loco) y María Vaner (presa 34).

Basada en un libro de Horacio S. Meyrialle (19), fue producida por el propio Ibáñez Menta y Francisco Tejeira, bajo la dirección de Alberto Rinaldi, con la asistencia de Raúl Lecouna y escenografía de Martha Bugallo.

En este caso, una vez más, el gran actor estuvo a la altura de lo que se esperaba, la miniserie fue todo un éxito, con un rating que superó el 30% y un público que permaneció cautivo desde el primer capítulo, el jueves 14 de mayo de 1970, hasta el octavo y último, el 23 de julio del mismo año.



Nuevas entregas

Con aquellas memorables temporadas, Narciso Ibáñez Menta alcanzó el punto más alto de su carrera televisiva.

El éxito de El hombre que volvió de la muerte cambió los planes que Narciso tenía, de regresar a su tierra de nacimiento. Dado el impacto producido, no sólo en nuestro país sino en otras naciones del continente (Uruguay, Perú, Costa Rica), las autoridades de Canal 9 le propusieron quedarse y preparar un nuevo ciclo.

A don Narciso la idea lo tentó y aceptó, pero como tenía asumidos compromisos en España, grabó los seis primeros capítulos de la nueva miniserie aquí, y los restantes (sólo aquellos en los que él aparecía), en estudios televisivos de Madrid.

El bebé de Rosemary, de Roman Polanski, había despertado un masivo interés por la brujería y el ocultismo y de eso buscó sacar provecho el maestro, ideando el nuevo ciclo en base a un libro de Abel Santa Cruz, Agustín Caballero y Osvaldo Dragún (20).

Un pacto con los brujos se estrenó el jueves 3 de julio de 1969, a las 22:00, por el canal de Alejandro Romay y tuvo buenas críticas.

A la salida de un cine, donde acaban de proyectar El bebé de Rosemary, una joven pareja se topa con un extraño que les propone concederles todo lo que deseen a cambio de que estampen su firma sobre un papel en blanco.

La pareja accede y enseguida se suceden extraños sucesos. El marido logra un ascenso en el trabajo y desarrolla poderes telepáticos y clarividentes, a lo que siguen, otros acontecimientos beneficiosos hasta que se revela la verdad. Aquel hombre misterioso era en realidad un brujo de 260 años, provisto de un misterioso talismán, que integra una siniestra cofradía de hechiceros y magos que dominan el mundo de las tinieblas. El pacto obliga a los firmantes a suministrar nuevas víctimas a las que esclavizar y forzar a servir al demonio y eso lleva a los protagonistas a un desenlace fatal.

A Alejandro Romay la idea le pareció estupenda y sin dudarlo un instante, incentivado por el reciente éxito de El hombre que volvió de la muerte, dispuso todo para iniciar la producción.

Secundaron a Ibáñez Menta en esta ocasión, Héctor Biuchet (Roberto Funes), Susana Campos (Antonieta), Marta Kelly (Elena), Oscar Ferrigno (Walter), Fernanda Mistral (Laura), Carlos Muñoz (Reyes), Ignacio Quirós (Peter), Tito Alonso (comisario Ferreyra), Alfredo Iglesias (profesor Ferri), Juan Carlos Lima (Rodolfo), Pablo Codevila (el niño Adrián), Marta Monjardín (Alicia), Luis Corradi, Enrique Talión y Rodolfo Morandi. La escenografía estuvo a cargo de Mario Ferro, los efectos especiales de Martín Mendilaharzu y los sonoros de Ernesto García y Osvaldo Claverie. La música fue compuesta por Mito García, quien tuvo a su cargo el órgano, el trabajo de maquillaje fue obra de Machargo y Pisani y la dirección de Martín Clutet, con la asistencia de Diana Álvarez.

Nuevo éxito y nuevo batacazo, seguido por El Sátiro, nueva serie de cinco capítulos que se empezaron a emitir a partir del 11 de septiembre, siempre los jueves a las 22:00, por Canal 9.

En este caso, Cristian De Marco es un viejo actor que debido a su edad, está a punto de ser despedido por el dueño del teatro. Por esa razón, abandona el país y se dirige a Inglaterra, en tanto en la sala donde había estado trabajando hasta entonces, se sucede una serie de asesinatos que tiene en vilo a la sociedad. En todos los casos, su nombre aparece vinculado a los hechos aun cuando no se encuentre presente.

Se notan en la trama ciertas similitudes con El fantasma de la Ópera y la obra de Shakespeare dado que en algunos capítulos, se intercalaron pasajes de Hamlet y Otelo.

Debido a los compromisos que había asumido, el maestro regresó a España y la trama debió ser acortada (21).

Ignacio Quirós, Dora Baret (Valeria), Estela Molly, Ricardo Lavié, Alicia Berdaxagar, Marta Bianchi, Luis Brandoni, Pedro Quartucci, María Aurelia Bisutti, Juan Carlos Galván y Eloísa Cañizares completaban el elenco. La escenografía fue de Marta Bugaglio, la producción ejecutiva de Oscar Caporale, la música, una vez más de Mito García, el libro de Osvaldo Dragún y la dirección de Alberto Rinaldi, con la asistencia de Rodolfo Drago.

Le siguió al mes siguiente El Robot, que no alcanzó el éxito esperado dado que a su entender (el de Ibáñez Menta), no estaban dadas las condiciones para una producción de esas características, ni se disponía de la tecnología adecuada.

Pese a que era buena, la nueva serie pasó casi desapercibida, lo que ya se percibió luego del primer capítulo, emitido el jueves 2 de abril de 1970, siempre en el horario de las 22 hs.

Para sorpresa de la audiencia, el rol protagónico estuvo a cargo de Silvia Legrand, la hermana de la diva, quien encarnaba a Laura, esposa del profesor Eric Strasberg, científico judío escapado de un campo de concentración con los planos de un poderoso robot humano que continuaba construyendo en el país que le da refugio. Cuando el sabio descubre que su mujer lo engaña, asesina al amante y presa de la ira, se lanza tras su mujer, luego de establecer un pacto con las fuerzas gubernamentales, intercambiando su cónyuge por su creación. Paralelamente, una organización de espías conspira contra ese país e intenta apoderarse del ingenio.

Una vez más, Osvaldo Dragún es el autor del libro, Rinaldi su director e Ibáñez Menta con Tejeira sus productores. Y en el elenco vuelven a repetirse varios rostros, entre ellos Juan Carlos Lima (Davis), Nathán Pinzón (Sung), Oscar Ferrigno (Valentín), Ignacio Quirós (Lawton), Luis Sorel (médico) y Enrique Talión (Tony).

Aunque plenamente superado por El monstruo no ha muerto, cuya trama mucho tenía que ver con la reciente historia argentina (22), Otra vez Drácula obtuvo la repercusión esperada, no solamente por tratarse de otra entrega del genial actor sino por el personaje que ahora encarnaba. Se comenzó a transmitir el jueves 30 de julio de 1970, en el horario habitual y se extendió por cinco capítulos, el último de los cuales fue emitido el 27 de agosto del mismo año.

Y una vez más, la Argentina quedó atrapada por el nuevo ciclo.

Una compañía teatral que recorre Europa satirizando el género de horror, recala en Transilvania, donde comienza a experimentar extraños sucesos y una serie de muertes violentas. Cuando se ponen a investigar, sus integrantes comprueban con espanto que la sala donde actuaban estaba edificada sobre las catacumbas ruinosas del castillo de Drácula.

Basada en un nuevo libro de Horacio S. Meyrialle, la dirección estuvo a cargo de Alberto Rinaldi, con producción de Francisco Tejeira y el propio Ibáñez Menta y efectos especiales a cargo de Martín Mendilaharzu.

Integraban el elenco, además de nuestro biografiado (Conde Drácula/Daniel Carvel), Marta González (Lisa), los siempre presentes Carlos Muñoz (profesor Fargot) y Susana Campos (hermana), Graciela Pal (Susana), Enrique Talión (sereno), Luisina Brando (Teresa), Inés Moreno (enfermera), Rey Charol (negro), Jorge Velurtas (médico) y otras figuras.

Si bien las críticas fueron dispares, como en los casos anteriores, todas apuntaban a la buena actuación, los decorados y el excelente trabajo de maquillaje.

Sus últimas producciones. El pulpo negro



El 4 de febrero de 1966 Narciso Ibáñez Serrador (23), hijo del maestro y la actriz argentina “Pepita” Serrador, lanzó la célebre serie televisiva Historias para no dormir, emitida por la Televisión Española. Se trata de una serie de narraciones cortas basadas en relatos de autores consagrados como Edgar Allan Poe, Robert L. Stevenson, Ray Bradbury, Guy de Maupassant, Harlan Ellison, Robert Bloch, Henry James, W. W. Jacobs, Robert Arthur e incluso guiones propios, presentadas por él mismo, al estilo Alfred Hitchcock. Narraciones como Los bulbos, La mano, El tonel, La cabaña, La pesadilla, Freddy, El cuervo, La casa, El trasplante, El conjuro, El hombre y la bestia y El museo de cera, constituyeron una novedad para el mundo de habla hispana, habituada a las producciones de origen anglosajón y germano.

Muchas de ellas pertenecían al género de ciencia-ficción, como El cohete, basada en el célebre relato de Ray Bradbury, las más fueron de terror y misterio, tales los casos de El pacto, El muñeco, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, La espera, La alarma, Las bromas, El trapero, El último reloj y El televisor e incluso hubo historias con trasfondo filosófico y humano como El asfalto, todas ellas interpretadas por el genial actor.

En 1974 “Chicho” Serrador (Luis Peñafiel) presentó las remakes argentinas, siempre interpretadas por su padre, siendo ellas El trapero, La pesadilla, con María Aurelia Bisutti y Luis Tasca; Los bulbos (1ª y 2ª parte), El regreso y La Zarpa.

En diciembre de 1979 Narciso Ibáñez Menta encarnó al profesor Van Helsing en Hay que matar a Drácula, un unitario emitido por el ciclo Viaje a lo Inesperado, de Canal 13, el sábado 15 de diciembre de 1979.

Fue una combinación de la obra que venía de protagonizar en el Teatro de la Comedia de España, en 1978 y El Conde Drácula que Daniel Tinayre dirigió entre enero y marzo del 79, en el “Lola Membrives” de Buenos Aires, con Gianni Lunadei en la piel del vampiro. Allí, Pepe Novoa hizo de Jonathan Harker, Graciela Dufau de Mina, María Ibarreta de su amiga Lucy, Elizabeth Killian, la condesa; Luisa Kuliok, Nora y Patricio Contreras, Arthur.

Habría que esperar siete años para ver nuevamente al genio en la pantalla chica, esta vez con la que sería su última miniserie de horror, El pulpo negro, la historia de un escritor de novelas policiales (Héctor de Rodas) que con la ayuda de su secretaria Marta (Beatriz Díaz Quiroga), cita en su mansión a cuatro personas en apariencia respetables, pero que en realidad resultan ser sanguinarios criminales, Guevara (Héctor Biuchet), Méndez (Osvaldo Brandi), Velázquez (Ariel Keller) y Duarte (Juan Carlos Puppo). Sentados en torno a una mesa, en un ambiente, De Rodas les pide matar a cuatro personas elegidas al azar y dejar sobre sus cadáveres un pequeño pulpo negro, artilugio que nos retrotrae a las ranas de ópalo de Elmer Van Hess. De esa manera, el escritor pensaba inspirarse para escribir un libro titulado Teoría y práctica del crimen perfecto, donde intentaría demostrar que nada ligaba a las víctimas con sus asesinos. La investigación de los crímenes es encarada por el comisario Alejandro Mendoza (Oscar Ferrigno) y el detective privado Marcos de la Hoz (Juan Carlos Galván).

Si bien la actuación de nuestro biografiado vuelve a ser impecable, la cinta no contó con el presupuesto acordado y terminó siendo un fiasco. Según algunos investigadores de cine, Alejandro Romay no cumplió con ciertas cláusulas del contrato y el producto no alcanzó el nivel esperado, algo que ya había sucedido en octubre de 1979 con Mañana puedo morir, basada en un libro de Carlos Somigliana. Aun así, dada la expectativa que generó su regreso, el ciclo tuvo considerables picos de audiencia y eso dio pie a un interesante negocio de merchandising cuando los productores lanzaron al mercado un pequeño pulpo negro de goma, que tuvo buenas ventas.

Para la nueva entrega, Ibáñez Menta llamó a actores que lo habían secundado en sus series anteriores, a saberse Oscar Ferrigno, Beatriz Díaz Quiroga, Juan Carlos Galván y Alfredo Iglesias, además de los experimentados Juan Carlos Puppo, Zelmar Gueñol, Mabel Landó, Horacio O’Connor, Luis Tasca, Erika Wallner y Emilio Comte.

Una vez más, la dirección estuvo a cargo de Martha Reguera (fue también la productora), el vestuario de Enrique de Álzaga, la producción de Alberto Marchi y la escenografía de Mario Ferro.



En 1996 Esteban Ibarretxe dirigió Sólo se muere dos veces, una producción de Andrés Vicente Gómez para Sogetel S.A. y Lolafilms, basada en un guión del propio director y su hermano José Miguel, con música del otro hermano, Santiago y fotografía de Kiko de la Rica.

En esta comedia fantástica, Ibáñez Menta es el siniestro Dr. Kramer, un científico que trabaja en revertir el proceso de la vejez, para lo cual se provee de cadáveres y luego experimenta con seres vivos.

Fue la despedida del maestro, el último acto de un ciclo, el fin de una carrera promisoria, plagada de éxitos, proezas y satisfacciones. Ese mismo año actuó por última vez en la televisión argentina, al ser llamado para desempeñar un papel en la novela Herederos del poder, con Virginia Lago, Juan Darthés, Andrea Bonelli y Orlando Carrió.

Después de esas intervenciones, don Narciso se retiró definitivamente de la actuación. Pasó sus últimos años en compañía de su tercera esposa, Lidia Haydée Rosas Rojas (24), dedicado a su otra pasión, la filatelia hasta que en 2002 cayó postrado y ya no pudo moverse de su domicilio. Falleció el 15 de mayo de 2004, en el Hospital de Madrid, a los 91 años de edad. El telón había caído definitivamente.

A lo largo de su vida, recibió innumerables premios. En 1946, 1947, 1948 y 1952 fue galardonado como el mejor actor de la Argentina y entre 1959 y 1962, como el mejor director. En 1957 se le concedió el Premio Bienal al mejor director de teatro de su país de adopción. España le otorgó en 1964 el galardón a la mejor interpretación teatral y en 1967 el Premio Nacional de la Televisión Española (RTVE) por su labor artística.

Argentina volvió a reconocer su obra en 1981, cuando se le otorgó el Premio Konex - Diploma al Mérito como uno de los cinco mejores Actores Dramáticos de Radio y TV de nuestro país.

En octubre de 1989 fue homenajeado durante el Festival Internacional de Cine Fantástico que anualmente se realiza en Sitges, oportunidad en la cual se exhibieron dos de sus largometrajes. Sama de Langreo bautizó con su nombre a una de sus calles y al menos tres completas biografías recrean su vida (25).

Se dice que el gran actor fue el Lon Channey español, el Vincent Price argentino o el Bela Lugosi de habla hispana. Nada de eso, fue Narciso Ibáñez Menta, con mayúsculas, maestro del terror, señor del miedo y el espanto, genio, figura e histrión incomparable, a quien generaciones enteras recordarán siempre con afecto, respeto y admiración. Porque gracias a ese asturiano de ley conocimos el inframundo y a través de brumas y tinieblas, atravesamos castillos fantasmales, páramos tenebrosos, siniestros laboratorios y mansiones embrujadas, habitados por espectros terroríficos, feroces licántropos, malvados hechiceros, científicos dementes y psicópatas de la peor catadura.

Un camino plagado de fantasía, emoción, sencillez y sana ingenuidad.



Notas

1. Julio Escobar, dramaturgo, director, guionista y crítico teatral argentino, nacido en Buenos Aires en 1892. Entre sus obras más destacadas sobresalen Mi suegra es una fiera (1939), Ha entrado un ladrón (1940), Peluquería de señoras (1941) y Maridos modernos (1948).
2. Estrenada el 8 de mayo de 1952, fue co-producida por el propio Viñoly Barreto junto a Laura Hidalgo y Vicente Romano Barreto.
3. También llamada Tres citas con el destino.
4. La película fue estrenada el 13 de marzo de 1942, en el Gran Cine-Teatro “Broadway” de Av. Corrientes.
5. El año anterior, Narciso Ibáñez Serrador (“Chicho”), hijo del maestro, adaptó los tres cuentos para Canal 7, de la TV argentina.
6. León Klimovsky Dulfán, director y guionista de cine argentino, nacido en Buenos Aires el 16 de octubre de 1906. Nombre clave de la época dorada de nuestro séptimo arte, se lo recuerda por sus producciones de terror, entre ellas, Maleficio (1954), La noche de Walpurgis (1971), Dr. Jekyll y el Hombre-Lobo (1972), Gritos a medianoche (1976) y El extraño amor de los vampiros (1977). Debutó en 1947 con El jugador, basada en el libro de Fedor Dostoievski. Emigrado a España, dirigió varios spaghetti-western, así como películas bélicas y de aventuras. Se había graduado de odontólogo en la Universidad de Buenos Aires pero nunca ejerció, pues su pasión fue el cine. El célebre matemático y filósofo Gregorio Klimovsky era su hermano. En 1995 recibió el premio de la Asociación de Directores de España.
7. Nacido en Tortosa, España, el 25 de noviembre de 1947, rodó otros films de suspenso y horror como El ser (1982), Más allá de la muerte (1986) y Cena de asesinos (1989).
8. Alfredo García, “Hombre lobo en Madrid. Adiós a Paul Naschy, el lobisón español”, diario Página 12, sección RADAR, domingo 20 de diciembre de 2009.
9. Jack Taylor (George Brown Randall) nació en Oregon City, Estados Unidos, el 21 de octubre de 1936.
10. Revista Antena TV, 6 de septiembre de 1960, Gentileza de Darío Billani. Extraído de “Narciso Ibáñez Menta”, sitio dedicado a homenajear su carrera ( http://nim.cinefania.com/nim/index.php?m=trabajos&id=51).
11. Ídem.
12. Darío Lavia, “Narciso Ibáñez Menta: ciencia-ficción y terror en la TV argentina”, en QuintaDimension.Com ( http://www.quintadimension.com/televicio/index.php?id=191).
13. Extraído de “Archivo Narciso Ibáñez Menta” ( http://nim.cinefania.com/nim/index.php?m=trabajos&id=13).
14. A partir de mayo, el horario de emisión fue corrido a las 22:00.
15. Canal TV, N° 232, Año V, 20 de diciembre de 1962, Gentileza de Darío Billani. Extraído de “Narciso Ibáñez Menta”, sitio dedicado a homenajear su carrera ( http://nim.cinefania.com/nim/index.php?m=trabajos&id=13).
16. Diana Álvarez fue la asistente de dirección.
17. “Narciso Ibáñez Menta”, lunes 4 de octubre de 2010, “Elmer es Narciso Ibáñez Menta” ( http://narcisonarcisin.blogspot.com.ar/).
18. Como el cuerpo se hallaba en avanzado estado de descomposición, al ser abierto, algunos de sus órganos debieron ser sujetados para que no saliesen despedidos.
19. Escritor, guionista y comediógrafo argentino, nacido en Buenos Aires, el 29 de enero de 1913.
20. Dramaturgo y guionista argentino, nacido en Colonia Berro, provincia de Entre Ríos, el 7 de mayo de 1929.
21. El ciclo fue reducido a cinco capítulos.
22. La masiva llegada de científicos y criminales de guerra nazis, fascistas y ustachas en tiempos de Perón y la leyenda de que Hitler y su esposa se refugiaron en nuestro sur patagónico.
23. Narciso Ibáñez Serrador, conocido por sus seudónimos de “Chicho” Serrador o Luis Peñafiel, director de cine y teatro, productor de televisión y guionista uruguayo, nacido en Montevideo el 4 de julio de 1935, hijo de Narciso Ibáñez Menta y Josefina “Pepita” Serrador, llevó a la pantalla chica inolvidables ciclos televisivos, de los cuales, Historias para no dormir fue el más recordado.
24. En 1950, Narciso Ibáñez Menta se casó con la actriz rumana Laura Hidalgo, de la cual se separó cuatro años después.
25. La primera de sus biografías, titulada Narciso Ibáñez Menta. Actor, obra de María Escudero Vera, fue publicada en 1995; la segunda, El artesano del miedo. Narciso Ibáñez Menta, de Leandro D’Ambrosio y Gillespi, apareció en 2010 y la tercera, Narciso Ibáñez Menta: esencialmente, un hombre de teatro, Vol. 1, “De ‘niño Ibáñez’ a ‘pibe Narcisín’”, en 2011, escrita por Graciela Beatriz Restelli quien se ha focalizado en su labor teatral. En el 2016 salió una colección de recortes periodísticos y fotografías titulada De Narciso Ibáñez Menta a Narciso Ibáñez Serrador, recopilada por Gustavo Leonel Mendoza, quien además, rodó un documental sobre su vida. En 2012 se llevó a cabo en el Cine “Felgueroso” de su ciudad natal, el ciclo de cine Narciso Ibáñez Menta, el hombre de las mil caras.

Fuentes

- "Archivo Narciso Ibáñez Menta" ( http://nim.cinefania.com/nim/index.php).
- Darío Lavia, “Narciso Ibáñez Menta, ciencia-ficción y terror en la TV argentina”, Televicio Webzine, Sección Cine y Series, Bs. As., 2007 ( http://www.quintadimension.com/televicio/index.php?id=191).
- María Escudero Vera, Narciso Ibáñez Menta. Actor, Editorial Regional de Murcia, Colección Imagen – Diálogos con el cine español Nº 2, 1995.
- Leandro D’Ambrosio y Gillespi, El artesano del miedo. Narciso Ibáñez Menta, Editorial Corregidor, Bs. As., 2010.
- Graciela Beatriz Restelli, Narciso Ibáñez Menta: esencialmente, un hombre de teatro, Vol. 1, “De ‘niño Ibáñez’ a ‘pibe Narcisín’”, Editorial Dunken, Buenos Aires, 2011.
- Salvador Sáinz, “Narciso Ibáñez Menta”, Diario de Cine, España ( http://www.diariodecine.es/ssnimenta.html).



Cine-Arte de Terror:



¿Es usted el asesino? (1967), primer capítulo completo



El hombre que volvió de la muerte (1969), tráiler



El monstruo no ha muerto (1970), fragmento del primer capítulo



La saga de los Drácula (1973)

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