El duelo criollo femenino
 
"Las mujeres son fuerzas ciegas de la Naturaleza".
Enrique Jardiel Poncela


A continuación reproducimos artículos de la prensa porteña sobre duelos entre mujeres.

“Tato!... que no es entre periodistas más o menos resueltos a hacer levantar el pellejo con la punta de una espada o la tapa de los sesos con la boca de una pistola, que todo es lo mismo en punto a levantar.
“El desafío que da material a este hechito es el habido antes de anoche entre dos miriñaques; esto es entre dos mujeres.
“Hallábanse las dos en un salón de baile de la calle de Talcahuano, y un tercero, mocito de lo lindo, se interpuso entre ellas camelando a las dos.
“Este amor a medias, poco agradó a nuestras heroínas y disputándose el exclusivismo en las caricias del amante, tomáronse en palabras conduciéndolas hasta amenazarse recíprocamente de trompadas y pellizcos; pero como llegaba la cosa a un punto de que no podían retroceder, convinieron en salir fuera de la casa, y en plena calle darse plenas satisfacciones.
“En efecto, puestas ambas en la calle terciaron ambas los rebosos en la cintura, arremangáronse las mangas del vestido, y arremetiéndose a puño cerrado con ímpetu y donaire, descargáronse tremebundas trompadas, hasta verter una de ellas sangre de la nariz.
“Como quizás la condición de este singular duelo fue a la primera sangre, al asomar ésta por las ventanas de la dama, suspendieron su combate y separáronse en opuestos rumbos, no sin antes hacerse una descarga recíproca de insultos y denuestos.
“En cuanto al mocito origen de este hecho, no sabemos que haría después de tener conocimiento de lo ocurrido”.

“Un desafío”, Nación Argentina, Buenos Aires, 3 y 4 de febrero de 1865, Crónica de Policía, p. 2


“Ha sido puesto en prisión un individuo, a consecuencia de haber herido una mujer.
“El hecho tuvo su origen en un baile público. Esta mujer tuvo una disputa con otra, resultando de aquí un desafío.
“Salieron del baile, y una vez en la calle, empezaron la lucha.
“Aquel individuo, que tenía sus razones para constituirse defensor de una de las duelistas, acudió al lugar de la liza y tomó la parte que ya se ha dicho”.

“Mujeres duelistas”, La Prensa, Buenos Aires, 5 de noviembre de 1871, Boletín del día, p. 2


“Días pasados se tomaron en pelea dos mujeres en el pueblo de Chivilcoy. Ambas estaban armadas de cuchillo.
“Una de ellas ha recibido heridas tan graves, que los médicos han pronosticado su muerte”.

“Reyerta mujeril”, La Prensa, Buenos Aires, 11 de enero de 1876, Boletín del día, p. 1


“Anteayer un hecho singularísimo, llamó poderosamente la atención de muchos de los inquilinos de la casa calle de Tacuarí núm. 559.
“En uno de los cuartos interiores, cuya puerta se hallaba cerrada con llave por la parte de adentro, se oía distintamente, ese ruido peculiar, que produce un puñal chocando contra otro puñal, ese chas chas que hace adivinar que dos seres se juegan la vida con un pedazo de acero.
“En aquella habitación, vivían hace algún tiempo un hombre y una mujer.
“Continuamente se estropeaban, tenían pendencias y formaban escándalos, en los que tenía que intervenir casi siempre, la autoridad. Se embriagaban y luego se propinaban golpes mutuamente, pues la mujer poseía una fuerza y destreza prodigiosa. Jugaba con el cuchillo, con las mas consumada maestría y jamás llevaba la peor parte en un pugilato.
“Había estado presa cuatro o cinco veces, pero los castigos ni la asustaban ni la arredraban.
“Tenía 26 años y era argentina. Nadie, al verla, hubiera sospechado de lo que era capaz.
“Era delgada, alta y de manos muy pequeñas; pero sus músculos eran de hierro y sus puños como de mozo de cuerda.
“Su amante era también argentino; alto, grueso y de temible continente. Tenía 30 años y había pasado la mayor parte de su vida en continuos arrestos. Para él el estado de beodez era una segunda naturaleza, su todo, su deseo diario, su mayor placer.
“Los que sorprendieron aquel hecho, se lo explicaron inmediatamente. Se trataba de un duelo.
“Y así era; aquel era un desafío salvaje, horrible.
“Habían almorzado, y ebrios, trataron de estropearse como lo hacían todos los días. La mujer entonces había propuesto un duelo a muerte y su amante aceptó la idea.
“Cerraron la puerta y los postigos de una ventana, a fin de quedar a oscuras y se trabaron en aquella pelea horrorosa, que duró cerca de diez minutos.
“Cuando la Policía concurrió, fue necesario echar abajo la puerta.
“Entonces se descubrió a la mujer con el cuchillo en la mano, tinto en la sangre de su ilegal esposo que yacía en el suelo, vomitando sangre por cuatro heridas. Se le remitió al Hospital, pero falleció horas después.
“¿Se creerá que la autora de su muerte, ha llorado después que su razón quedó libre del efecto del alcohol? ¿Se creerá que se encuentra desesperada por haber muerto al hombre, con quien ha vivido peleando cerca de dos años? ¿Se creerá decimos, que ha habido cariño entre esos dos seres?”.

“Duelo salvaje”, La Prensa, Buenos Aires, 1º de febrero de 1876, Boletín del día, p. 1